El acelerado crecimiento de la actividad turística ha provocado un fuerte aumento de la capacidad hotelera. Esta capacidad ha pasado a ser, en el caso de muchas ciudades, un factor fundamental de su desarrollo económico, mano a mano con los eventos de ferias y congresos.Para consolidar este rápido crecimiento debe proporcionarse al cliente el máximo nivel de satisfacción, garantizándole un servicio impecable. Solo hay un camino para conseguirlo: la máxima calificación de los profesionales del sector, de los hombres y mujeres que están velando para que todo resulte perfecto en el hotel. Su nivel de formación es vital para alcanzar estos objetivos.
Sin embargo, por increíble que parezca, todavía hay hotelerías y restaurantes donde convendría preguntar como están los baños, si reúne los requisitos mínimos de confortabilidad, higiene, equipamiento, ventilación, ( correcto funcionamiento ) ya que existe una errada imagen o expectativa, por parte de cierto público objetivo, que admite que en cierta oferta turística o en determinadas zonas, se permite esta tremenda brecha de calidad.
Yo no estoy de acuerdo con esta afirmación, ya que es sólo la aplicación del conocimiento y sentido común, por que es la imagen del establecimiento y por ende de la región y el país, y por último porque justificar y casi apadrinar un mal servicio cobrando por ello como si fuera bueno, es inaceptable.
Jean Paul Sartre en su libro “La Nausea” plantea que “el hombre mantiene un papel legendario al cumplir con la sociedad mantener sus leyes y reglas, convivir con lo ya establecido. Desenvolverse frente a sus hábitos y costumbres no olvidar sus responsabilidades su trabajo, su vida y día a día cumplir con lo de todos los días” Esto que critica Sartre, lo que produce la Nausea, hombres que solamente cumplen una rutina y monótonamente desarrollan sus quehaceres, seres que al esforzarse por demostrar su existencia olvidan lo que esta realmente significa y la opacan con apariencias, búsqueda de superioridad y actos “heroicos”.
Imprescindible resulta pensar, no solo en el alojamiento, sino ir más lejos y determinar su área de influencia, los exteriores que delimitan la percepción del cliente, (percepción dada por los tres elementos, Observador, Objeto y Entorno) en su entorno, en el cual se desarrolla su visita o estadía, que habrá que calcular previamente interviniendo además los temas ambientales, sociales y culturales.
Estamos hablando en general, de la toma de conciencia en hacerlo bien, en diferenciar categoría de calidad, en romper la monotonía, en auto-administrarnos eficientemente para cumplir y exceder cada una de las expectativas que nuestros clientes hayan generado en su subconsciente, en entender que somos obreros en una fábrica de momentos de felicidad que puede ofrecer a sus clientes, huéspedes o visitantes durante un tiempo determinado y en un espacio concreto.
Jean Paul Sartre en su libro “La Nausea” plantea que “el hombre mantiene un papel legendario al cumplir con la sociedad mantener sus leyes y reglas, convivir con lo ya establecido. Desenvolverse frente a sus hábitos y costumbres no olvidar sus responsabilidades su trabajo, su vida y día a día cumplir con lo de todos los días” Esto que critica Sartre, lo que produce la Nausea, hombres que solamente cumplen una rutina y monótonamente desarrollan sus quehaceres, seres que al esforzarse por demostrar su existencia olvidan lo que esta realmente significa y la opacan con apariencias, búsqueda de superioridad y actos “heroicos”.
Imprescindible resulta pensar, no solo en el alojamiento, sino ir más lejos y determinar su área de influencia, los exteriores que delimitan la percepción del cliente, (percepción dada por los tres elementos, Observador, Objeto y Entorno) en su entorno, en el cual se desarrolla su visita o estadía, que habrá que calcular previamente interviniendo además los temas ambientales, sociales y culturales.
Estamos hablando en general, de la toma de conciencia en hacerlo bien, en diferenciar categoría de calidad, en romper la monotonía, en auto-administrarnos eficientemente para cumplir y exceder cada una de las expectativas que nuestros clientes hayan generado en su subconsciente, en entender que somos obreros en una fábrica de momentos de felicidad que puede ofrecer a sus clientes, huéspedes o visitantes durante un tiempo determinado y en un espacio concreto.
¿Que tan buen obrero es Usted?, y ¿Su fábrica esta cumpliendo con la calidad o solo se basa en la categoría que ya tiene?¿Importa esto?, sí y mucho, ya que recuerde estamos entrando en una crisis y esperamos que las fábricas no paren, ya que todos sabemos lo que eso significaría, por lo tanto, el tema es hacerlo con calidad, con excelencia, apostando al 7.0 a la primera y no después que me saque el primer rojo, o de lo contrario la Nausea lo consumirá. Si es que ya no lo ha hecho.
No puedo decirle como pensar, pero si sobre que pensar.
Jorge Iroumé
Biliografía:
Jean Paul Sartre
Arturo Crosby

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